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martes, 25 de febrero de 2014

80 y contando

    Un oceáno de recuerdos me invade al mencionar la palabra MADRE, un oceáno  que me inunda en su oleaje incesante, que golpea y refresca con calma en ocasiones y con fuerza inconmensurable en otras, todas rememoranzas de infancia feliz, en su inmensa mayoria, no exenta de sinsabores, principalmente por la perdida temprana de la figura paterna, reemplazada por nuestra particular y fuerte figura materna q reemplazo la pérdida, tuvo sus quebrantos y caidas, si, muy dolorosas, pero nuestra madre con su tenacidad y constancia diaria  la supero con creces haciéndose mas grande y mas fuerte conforme el paso de los años, sacándonos a todos y cada uno adelante, y ahora que hemos llegado al otro lado de la orilla, unos mas, otros menos, un horizonte luminoso y esperanzador se abre frente a nosotros: con una plenitud pasmosa, con una certeza comprobada por nuestra progenitora.
     Su amor a prueba de acero nos ponia los pies en la tierra y la cabeza en el cielo, siendo como un ente de 12 manos que acarician a todos por igual, un ente amoroso capaz de hacerte olvidar el atemorizante ladrido exterior  acurrucandonos en su cálido seno, amor perdurable, amor eterno, amor sin fin.
    Y ahora que su maravillosa existencia ha dado ochenta vueltas completas al Sol, lo celebramos y nos regocijamos, en espera de que nos dura mucho mas, por que, lo repito, sólo es un numero, y los números no saben nada de acercamientos, sinsabores, amores y senos maternos perennes, como el de mi señora madre.
    Es por eso que comparto este oceáno de alegria con mis hermanas y hermanos, parientes, amigos, allegados: son 80 años de doña Elva Trujillo Mendoza, mi mamá, que en esta foto descubro me heredo esa sonrisa abierta, al igual que su perspectiva a la vida.