Omnipresente el color rojo, de ahí deriva mi nombre, rojo de colorado, rojo de pasión, de fuego, de carmesí, lo amo con todas sus tonalidades, sus variantes.Lo promociono no solo por que así me llamo, sino por que representa el apasionamiento humano que también se matiza de tantas tonalidades como el mismo color: desde el regocijamiento mas alegre hasta la sensualidad que te lleva a la cumbre mas alta, apertura de todos los labios, por cierto: todos ellos rojos encendidos, cual si fuera horizonte en llamas, fiel preludio de la oscuridad que se acerca.
Añoro ver los destellos del sol a travéz de las hojas de un árbol frondoso en un dia soleado, con sus luminosidades que rebotan en lo verde, haciéndolo multiverde y lo difractan con aún mas nuevos tintes, como si esto fuera posible, y si lo es; agregamos una ventisca, la audición que otorga al oido traslada a areas tropicales, de suave brisa que mengua el calor.
Las tonalidades con que florecen los campos cercanos a mi pueblo natal se pueden describir con sus nombres: amarillo, púrpura, rosado, violeta, morado, naranja, sobre una perfecta loma verde que hace las veces de alfombra, pero la recepción a la vista es mucho mas que eso, es mucho mas que solo nombres, implica memorias, adveniencias y vivencias que son recordadas al captar el color.
Dos tonos de azul se diluyen en la linea del horizonte donde se juntan cielo y mar, tornándose mas turquesa conforme se acerca el ocaso y la hora de cerrar los sentidos, nos envuelve el manto oscuro, el negro se aproxima, rememora la ausencia de color dicen los que saben, pero en la misma incomparecencia de los colores, la mente es capaz de crearlos en el viaje nocturno.


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